UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.

martes, 21 de septiembre de 2010

Comemos raro


Pablo se ríe de la forma en que como. Es que me recuesto en el piso para comer. No entiendo por qué le causa gracia. Si podés comer acostado o sentado, por qué comer parado. Entonces, yo como semiacostado, con la panza en el suelo. Además, no tolero comer solo. Siempre lo llamo y lo obligo a que vaya a la cocina y espere un poquito a que termine. Mientras mastico, lo observo de reojo porque me siento seguro de ese modo. El problema está en que, a veces, Pablo tiene cosas que hacer y va y viene permanentemente de la cocina a la computadora. Sobre todo cuando se le da por tomar mate. Qué ceremonia tan cansadora: ir y venir llenando un recipiente de agua caliente. Cuando hace esas cosas, aprovecho para comer un bocado y luego, lo sigo adonde vaya, masticando lo que me queda en la boca. Así, voy y vengo, comiendo pequeñas porciones. Es que, en realidad, no me quiero perder nada. Entonces quisiera estar en todos lados al mismo tiempo. Acompañarlo a él en su escritura, pero sin moverme de mi plato de comida. Es más o menos lo que hace él. Muchas veces lo vi comiendo una milanesa o un sándwich, mientras va de un lado a otro. Se corta un pedazo enorme de milanesa, se lo mete en la boca y sigue haciendo sus cosas, ahí de un lado a otro. Mientras, yo lo sigo por todos lados, babeando. Porque el muy egoísta, me da un bocado recién cuando está a punto de terminar.
Y bueno… comemos raro. Qué va’cé.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ausencia


¡¡¡Hola, diario!!!
Perdón por mi ausencia de varios días. ¿Podés creer que Pablo se volvió a ir de viaje? Esta vez me asusté más que nunca. Cuando comenzó a armar la valija* y a guardar toda su ropa favorita, me empecé a deprimir. Y cuando vi que se cepilló los dientes y también guardó esos utensilios, ahí comencé a inquietarme. No sé porqué se me puso en la cabeza que se iba de casa para irse a vivir con el tal Molina. No podía tolerar esa imagen, de él, paseando con el enano ese engreído, con su correa nueva. Antes de irse hice escándalo. Le actué una película de llorar. Ya con su camperita*, impune, con su valijita en la mano, me acerqué, con las orejas caídas y mis ojos más tristes y comencé a lloriquear. Logré que sobre su enorme campera, se ponga un traje de culpa inmenso. Por unos minutos, pensé que se quedaría. Pero no. Me dio una golosina, unos cuantos besos y se fue.
Todos estos días, te confieso que no lo pasé mal. Estuve con Verito, la sobrina de Pablo, que se quedó a vivir conmigo. Todo el tiempo acompañado. Se iba a lo de su madre Mariela, o a lo de Tina y Saúl, o a lo de alguna amiga, y me llevaba. Compartimos todo. Por momentos pensé que lo mejor sería que Pablo se quede con el enano Molina. Que mi vida sería mejor con Verito.
Pero a medida que los días pasaban, me empecé a poner un poco triste. Estaba fantástico, pero me faltaba algo muy importante en mi vida. ¡Qué contradicción! Extrañaba a Pablo y no quería tener ese sentimiento de amor con ese supuesto traidor.
Por eso mi ausencia en la escritura. No tenía ánimos, diario.
Ayer sentía que algo iba a pasar. Me agarró ese sentimiento indescriptible de saber a Pablo cerca. Tenemos una conexión casi telepática. Finalmente llegó, con su valijita más pesada y sin su culpa encima. Lo olfatee y no... no tenía rastros de haber estado con Molina. Es más, no pude reconocer bien los olores que tenía. Creo que estuvo muy lejos. Cuando corroboré eso, me tiré encima suyo y le di tantos besos que le gasté la cara. "¡Basta, no soy un helado!", me decía mientras se cagaba de risa. Nos tiramos al piso de la alegría.
Luego, me zambullí en su valija y, efectivamente, tenía un regalo para mí. Un perrito de juguete. Un perrito hediondo. No me gustó. Y se lo hice saber. Lo mordés y hace ruido. Ladra. No, no no, a mí dejame con Osito 4.
Ahora extraño mucho a Verito. Su compañía permanente, sus juegos, sus paseos... Ay, ya sé. Soy un ciclotímico inconformista.


* Maleta.
* Chaqueta.