
Hola, diario. Todavía sigo mirando con cariño al peluche de Bob Esponja. Pero me contengo. Aún no le he hecho nada. Pablo no vuelve y los días están tan lindos como para ir a pasear por el barrio. Como sigo con esta teoría de que soy casi persona (salvo por esa minucia de que no puedo hablar ni sonreír) decidí dormir como Dios manda. Cuando Fina y Raúl se van, me voy a la cama y, en lugar de dormir a los pies, como hago siempre, levanto las sábanas con los dientes y me acuesto adentro. Lógicamente no me tapo porque hace calor. Pero dormir sobre las sábanas tiene otro sabor. Algo me hace pensar que a Pablo no le va a gustar la idea. Pero a mí me encanta.
