
miércoles, 9 de junio de 2010
Ups...

sábado, 8 de mayo de 2010
Acusaciones falsas

Hola, diario. Estoy decepcionado de la sociedad. Te cuento
porqué. En el edificio donde vivimos ahora hay gente muy paqueta, pero bastante
maleducada porque no saludan o te sueltan la puerta en la cara. Siempre lo
comentamos con Pablo y el señor de seguridad de la entrada, que me cae
simpatiquísimo. En el edificio hay pocos perros. Sólo yo, un golden y un cocker
hiperquinético. Hay un viejo choto que odia a los perros. Cuando me vio por
primera vez empezó a quejarse. Se llama Don Yankilevich. La esposa es otra vieja
con cara de mala mala mala. Cuando me ve en el patio, desde su balcón, siempre
me tira algo. Casi siempre son puñados de tierra de sus macetas. Yo me divierto
esquivándolos. Nunca la emboca. Ni siquiera le ladro, porque esa gente no
merece ni que le ladren. Un día, tocaron el timbre y el portero le dijo a
Pablo: “El señor Yankilevich pide que tu perro salga con bozal y correa”.
Diario, no puedo reproducir lo que dijo Pablo. Por suerte no me pusieron bozal
y vivo con un rebelde. Un día, la esposa del viejo, que se llama Doña Sara, lo
miró mal a Pablo y le dijo: “¡Usted tiene que ponerle bozal a su perro porque
es peligroso y ladra todo el día!”. ¡Mentirosa! No soy ni peligroso ni ladro
nunca. Pablo le dijo: “Los peligrosos son ustedes. Pónganse bozal ustedes”.
Pero el viejo malvado insistió. Otro día, vino el portero
(un chupamedias que se llama Alejandro) a tocar el timbre. Cuando Pablo abrió
la puerta escuché que el tipo le dijo: “Don Yankilevich insiste que tu perro no
para de ladrar”. Efectivamente, se escuchaba ladrar al cocker del quinto piso.
Pablo abrió la puerta de par en par para que el chupamedias me vea que estaba
calladito, como un señor perro. “Como verás, no es él quien ladra”, dijo Pablo.
“A menos que sea ventrílocuo”. Yo me moría de risa. Ahí el chupamedias se
convenció de que los viejos malos mentían y nunca más nos molestó. Aunque Sara
me sigue tirando cosas. Tendré que seguir conviviendo con estos vecinos
molestos y rabiosos. Digo yo: ¿no tendrán otra cosa en qué ocuparse algunas personas en lugar de difamar a otros?
