
Hola, diario. Sé que hoy es un día especial porque todo el mundo anda apurado, corriendo con bolsas y paquetes enormes que contienen unos manjares indescriptibles. Estamos a punto de llegar a esa ceremonia en la que todos golpean sus copas y se quedan como estúpidos pensando algo. Bueno, voy a pensar algo por vos: deseo un sitio con un árbol por metro cuadrado para hacer pis en cualquier lado; deseo un churrasco en cada esquina; deseo mimos permanentes y que me rasquen por el resto de mi vida en la pancita y la base de mi oreja. Sí, es verdad, son pensamientos egoístas. Voy a desear fuertemente que los seres humanos se cansen de tirar esos cohetes inmundos y ruidosos que tanto mal hacen a mis oídos, a los de Néstor y a los de otros perros y gatos. Si supieran cuánto nos aturden y tuvieran un dejo de bondad no lo harían nunca más. Ese será mi gran deseo. Basta de cohetes. Te digo esto antes de meterme en la bañera para no escucharlos. Feliz año.

