
Hola, diario. Ya le agarré la onda a Zsá Zsá. Directamente no nos damos bola*. Ahora se acostumbró a verme y me observa a la distancia. O desde arriba de un mueble o escondida debajo de otro. Eso sí, cuando ella pasa del living a la cocina, me tengo que hacer a un lado porque, si no, me hace: “fsssssss”. Uy… cómo la odio cuando hace eso. Decí que soy educado. Yo ni siquiera le ladro. Bueno, en realidad, me intimida un poco, para qué negarlo. Así que, cuando pasa, me hago a un lado, como un señorito, y la dejo que haga su vida.
Ya no me cae tan mal. Simplemente es una cabrona, una antipática. Pero en la familia la quieren. Sé que algunos no quieren a los gatos. Pero, ¿sabés por qué? Porque no los conocen y porque los ven muy parecidos a las personas. Son independientes, arrogantes, individualistas, te ofrecen cariño sólo cuando ellos quieren, son avaros y se creen libres pero, en el fondo, siempre van a depender de otro.
Por eso, lo pienso bien, y los gatos no me disgustan.
Ya no me cae tan mal. Simplemente es una cabrona, una antipática. Pero en la familia la quieren. Sé que algunos no quieren a los gatos. Pero, ¿sabés por qué? Porque no los conocen y porque los ven muy parecidos a las personas. Son independientes, arrogantes, individualistas, te ofrecen cariño sólo cuando ellos quieren, son avaros y se creen libres pero, en el fondo, siempre van a depender de otro.
Por eso, lo pienso bien, y los gatos no me disgustan.
* Nos ignoramos.
