UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.
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viernes, 16 de julio de 2010

Se murió Zsá Zsá


Hola, diario. Estamos tristes. Zsá Zsá, finalmente, atravesó el umbral que te lleva a ese otro lugar. Estaba muy enferma y la familia prefirió que todo ocurra naturalmente.
Ayer a la mañana, muy tempranito, sonó el teléfono. Pablo atendió y el diálogo fue muy corto, duró segundos. Cortó la comunicación, se mojó el pelo y se vistió rápidamente. Me puso la correa y salimos a la calle rapidísimo. Apenas me dio tiempo para hacer pis. Dentro del taxi intui que había algo que no estaba bien. No hablamos en todo el camino. Ni siquiera saqué la cabeza por la ventanilla, como me gusta. Me limité a sentarme a su lado y a observarlo de reojo. Y sin que se diera cuenta, apoyé parte de mi lomo sobre su cuerpo, para compartir un poco de mi energía.
Cuando llegamos, Fina era un mar de lágrimas. Y Raúl estaba sentadito en un sillón, cabizbajo. Cuando me vieron, pude robarles una sonrisa a cada uno. Me sentí útil.
En la habitación, en la cama, estaba Zsá Zsá, sin moverse. A su lado, María Elena la acariciaba. "¿Estás segura de que está viva?", preguntó Pablo. Yo sabía muy bien que sí. Pablo comenzó a quebrarse y le empezó a decir cosas muy lindas a Zsá Zsá. Ella estaba tiesa, dura, con su pelaje prácticamente pegado al cuerpo, muy flaca y con la boca semiabierta. Creo que será la imagen más triste y fuerte que haya visto en mi vida.
Estoy seguro de que ella no se dio cuenta de que estaba yo. Pero sabía muy bien que estaba Pablo. De pronto, entró Fina a la habitación y le dijo a Pablo, entre sollozos: "Te está esperando". Él la miró incrédulo, pero yo supe muy bien que ella decía la verdad. A los pocos minutos, mientras Pablo le hablaba y la acariciaba, Zsá Zsá esbozó un maullido rasgado, estiró una de sus patas delanteras y la apoyó en el brazo de Pablo. Con sus manitos, apenas sacando sus uñas, se aferró a él. A los pocos segundos, se hizo pis y su cuerpo se vació de Zsá Zsá. Supe muy bien que ella seguía allí, pero en el aire. Me eché al piso y traté de cerrar los ojos y verla. No pude, pero sabía perfectamente que nos estaba observando y que, ahora, estaba bien. Por fin, Zsá Zsá podía volver a correr y a pelear a los demás animales por sus celos.
Todos lloraban. Menos yo. Pablo la envolvió en una manta, se la dio a Fina y la meció un buen rato, mientras le hablaba. Pero Zsá Zsá ya no estaba ahí. Eso fue Zsá Zsá. Al rato Pablo y Raúl se la llevaron envuelta, pero yo me quedé con Fina y María Elena.
Traté de consolarlas, como pude. Mi mente estaba muy ocupada tratando de analizar qué había pasado. ¿Adónde se fue Zsá Zsá? Se murió, sí. Pero adónde estaba ahora. Mariela dijo que "en el cielo de los gatos". Yo sabía muy bien que no era tan así. Estaba en un lugar mejor. Por siempre, Zsá Zsá estará acompañando a Fina y a Raúl. Y algún día se encontrarán, cuando ellos también pasen ese umbral y puedan moverse como cuando eran jóvenes. El pensamiento me originó ganas de sonreír.
Zsá Zsá no fue muy buena conmigo, pero le dio amor a aquellos que la querían. Esperó a mi Pablo hasta que pudo, se despidió y luchó por su vida. Ella está en el cielo de los buenos.
Quisiera poder decirle a Fina y a Raúl que pueden visitar a Zsá Zsá cuando quieran. Con sólo recordarla desde lo más profundo, podrán estar con ella, acariciarla y consentirla como siempre. Sé que será así y ellos lo harán. Sólo con el olvido se muere.
Estoy orgulloso de mi familia.

viernes, 2 de julio de 2010

Umbral


Hola, diario. ¿Recordás que te conté que no notaba bien a Zsá Zsá? Bueno, ahora te lo puedo asegurar. Fuimos a la casa de Fina y Raúl (en taxi, obvio) y definitivamente, Zsá Zsá ya no es la misma. Además de estar muy flaca y desgreñada, olfatee la enfermedad en el aire. Estuvimos allí toda la tarde y viví una atmósfera de tristeza inmensa. Tina y Saúl no pueden con su dolor. Pablo la alzó y la tuvo en su falda durante un largo tiempo. Hice esfuerzos por no ponerme celoso y me arrimé en algunos momentos para olerlos. Fijate qué mal estaría Zsá Zsá que no me hizo "fsss" ni intentó sacarme un ojo con sus uñas. Luego de almorzar, envolvieron a Zsá Zsá en una manta y la acariciaron mucho, mientras sollozaban. Me quedé con Raúl, mientras Fina y Pablo se la llevaban. Me quedé angustiado. Tenía la sensación de que volverían solos, sin ella.
Al cabo de un rato me tranquilicé, me eché a los pies de Raúl para que encuentre un pequeño refugio en mí, y esperé. Se abrió la puerta y volvieron... pero los tres. Fina y Pablo tenían los ojos muy colorados. Olfatee a Zsá Zsá y descubrí que la había tocado mi antiguo veterinario. No sé por qué, pero intuí que fueron a hacer algo que no llevaron a cabo.
Me empecé a preguntar: ¿A dónde se estaría yendo Zsá Zsá? Su alma de gata consentida estaba fluctuando entre su cuerpo y otro lado. Me lo pregunté una y mil veces porque pensé en que tal vez todos, alguna vez, lleguemos a estar en ese estado fluctuante, indeciso. Qué hay detrás de ese umbral no me interesa saberlo ahora. Pero hay otro lado. Creo que Zsá Zsá irá pronto hacia allí... y tengo mucha pena.

jueves, 8 de abril de 2010

Dueños


Hola, diario. Es duro cuando el ser que más querés no está por un tiempo a tu lado. Tengo que confesarte que estoy más tiempo acompañado que cuando está él. Fina y Raúl pasan casi todo el día conmigo, me hablan, me hacen jugar, me dan cosas ricas y me sacan a pasear varias veces. A menudo me hago como el que me estoy meando, como para que se apuren en llevarme a la plaza otra vez. Es una mentirita piadosa. Cuando veo que Raúl está cansado lo miro y comienzo a caminar solito hacia la dirección de nuestra casa, para volver.
Pero de todos modos, extraño mucho a Pablo. Hay días en que se pasa trabajando... pero me encanta saber que lo estoy esperando y que regresará. Y que, aunque esté cansado de su jornada de trabajo, apenas entre a casa me hará unos mimos y me sacará a pasear sin chistar. "Es tu derecho adquirido", me dijo una vez. Y lo respeta siempre. Otras veces se lo pasa sentado a la computadora escribiendo. Pero aunque no me preste demasiada atención, me gusta echarme a sus pies y acompañarlo. Sé que se siente bien si yo estoy ahí, con mi hocico o mis patas delanteras sobre alguno de sus pies. Nos acompañamos mutuamente. Por eso lo extraño tanto. Me acostumbré a ser parte suya y a que él sea parte mía. Él dice: "Mi perro". Yo digo: "Mi amigo". El "mi" es posesión. Pero no me importa. Y sí... soy de él. Será mi dueño. Pero él también es mío, aunque tenga que compartirlo a veces con Zsá Zsá o, más adelante, con algún otro cuadrúpedo.
Hoy tengo un presentimiento fuerte. Creo que falta poco para que llegue. Lo siento más próximo que ayer. Pero cuando uno extraña, el mañana se hace eterno.

domingo, 28 de marzo de 2010

Viajero

Hola, diario. ¿Podés creer que Pablo volvió a irse? Yo no sé qué se piensa... A veces tengo miedo de que se esté convirtiendo en nómade. No sería vida para mí... aunque obviamente, lo seguiría adonde sea... Pero yo prefiero estar acá calentito, con morfi* asegurado y caricias al por mayor. Anoche otra vez tomó la valija y comenzó a llenarla de ropa. Hasta el cepillo de dientes se guardó. Quise meterme en ella, pero no me dejó. Hoy a la mañana se despidió con muchas caricias, besitos en la frente y promesas de que "enseguida" vuelve. Ya sé que por lo menos se tomará entre cinco días y una semana. Tal vez mi vida sea así siempre... que, de tanto en tanto, él se vaya de viaje y me deje al cuidado de algún otro integrante de la familia. Mientras no me deje al cuidado de Zsá Zsá no tengo problemas.
Cuando me hizo mimitos en la cara, no me aguanté y me puse a llorar. Ahí me abrazó. Como me di cuenta de que funcionó, comencé a llorar más fuerte, para ver si se arrepentía y se quedaba. Pero no fue así. Nos quedamos los dos mirándonos con mucha tristeza, me dio una golosina y cerró la puerta.
Ahora estoy observando un almohadón y un peluche de Bob Esponja. A ver qué agarro primero en señal de protesta.

* Comida.

martes, 9 de febrero de 2010

Zsá Zsá enferma


Hola, diario. No noto bien a Zsá-Zsá. Cuando voy a lo de Fina y Raúl ya no me pelea. En un principio pensé que había empezado a caerle bien, pero cuando me arrimé para comprobarlo me tiró un manotazo que me raspó la nariz. Ahí me di cuenta de que su olor no era el mismo. Ni siquiera pude enojarme por su actitud poco amable. Comprobé que no estaba bien. Zsá Zsá está débil. A los pocos días vi que Fina no le daba la misma comida de siempre sino algo blandito que Zsá Zsá vomitó. Advertí que lo había hecho varias veces porque percibí el olor en distintas partes de la casa. La miman y acarician más que de costumbre y uno se da cuenta cuándo esos actos de cariño vienen cargados de tristeza. Dejé los celos de lado, por comprensión. Algo está pasando y no es bueno.
Lo confieso, tuve un segundo de egoísmo y sentí el deseo de ser el único cuadrúpedo de la familia. Pero no, no puedo pensar así de alguien del grupo. Quiero que Zsá Zsá se mejore. Por ella y porque no soportaría que Fina, Raúl, Pablo, María Elena y el resto de la familia estén todos tristes al unísono. Cierro los ojos y pido muy fuerte que se mejore.

viernes, 15 de enero de 2010

Mi hermana gata


Hola, diario. Ya le agarré la onda a Zsá Zsá. Directamente no nos damos bola*. Ahora se acostumbró a verme y me observa a la distancia. O desde arriba de un mueble o escondida debajo de otro. Eso sí, cuando ella pasa del living a la cocina, me tengo que hacer a un lado porque, si no, me hace: “fsssssss”. Uy… cómo la odio cuando hace eso. Decí que soy educado. Yo ni siquiera le ladro. Bueno, en realidad, me intimida un poco, para qué negarlo. Así que, cuando pasa, me hago a un lado, como un señorito, y la dejo que haga su vida.
Ya no me cae tan mal. Simplemente es una cabrona, una antipática. Pero en la familia la quieren. Sé que algunos no quieren a los gatos. Pero, ¿sabés por qué? Porque no los conocen y porque los ven muy parecidos a las personas. Son independientes, arrogantes, individualistas, te ofrecen cariño sólo cuando ellos quieren, son avaros y se creen libres pero, en el fondo, siempre van a depender de otro.
Por eso, lo pienso bien, y los gatos no me disgustan.

* Nos ignoramos.