Hola, diario. Hoy jugó nuestro equipo. Pablo quiso que lo veamos juntos por la tele. Nosotros dos. No invitamos a nadie. Viste que mucho no me puedo concentrar... pero lo vi de a pedacitos. No nos fue nada bien. De a poco, vi cómo Pablo se iba enojando cada vez más. Gritaba mucho y su ceño se fruncía tanto que temí que se convierta en perro. Con un tono muy feo decía cosas como "lora", "parió", "pelotudo"... y tantas otras. Por momentos me quedé observándolo porque, frente al televisor, él también se convertía en un espectáculo.
Nuestro equipo perdió. Y a juzgar por el enojo de Pablo, nos humillaron. Estamos chinchudos*. Tengo ganas de ir a mear todo el territorio de esos que nos ganaron. Pero no sé si vale la pena. Es sólo una pelota. Un juego.
*Enojados
