UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.
Mostrando entradas con la etiqueta Perro Francisco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perro Francisco. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2010

Viaje


Hola, diario. Ayer no te escribí porque pasé todo el día medio bajoneado*. La noche anterior estuve con la intuición a pleno. Sabía que algo iba a pasar y tenía algo así como un sentimiento de tristeza. Me pasé mucho tiempo con mi hocico sobre los pies de Pablo y no me cansé de observarlo. Luego, pasó algo que me inquietó muchísimo. Tomó una valija* enorme y comenzó a guardar allí muchas de sus pertenencias. Sabía que no se iría al gimnasio porque siempre lleva menos cosas. ¡Hasta guardó zapatos y dos libros! No pude contenerme y chillé un poco. Él se dio cuenta de que intuía algo tremendo.
Dormimos como siempre, pero más juntitos. Yo deseaba sentir su calorcito más que nunca. No me quería dormir. Tenía la necesidad de sentir su respiración, de ver sus ojos cerrados e imaginar qué estaría soñando. Así me quedé observándolo durante varias horas, hasta que me atrapó el sueño.
El reloj despertador sonó muy temprano. Mucho más que de costumbre. Él se despertó de un salto, se dio una ducha y me hizo jugar un poco. Ya todo estaba confirmadísimo. Había guardado su cepillo de dientes y sus ojotas.
Lloré un poco y él supo que yo ya me había dado cuenta de que se iría de viaje.
Me sacó a pasear y, cuando volvimos, me abrazó y me dio muchos besitos. Lloré y yo también lo abracé. No sabía dónde poner mi cabeza y puse mi frente sobre la suya. Estaba viviendo una nueva sensación. Por un momento, tuve el impulso de meterme en su valija, pero estaba tan llena que no entraba.
Sonó el timbre. Eran Fina y Raúl. Por un lado me quedé más tranquilo porque no estaría solo vaya a saber cuántos días. Bajamos a despedir a Pablo, a quien lo esperaba un coche en la puerta, donde guardó su valija y una pequeña mochila. Nos abrazamos por última vez y lloré mucho. No quise que se suba al auto y, pobre Raúl, tenía que tirar fuerte de mi correa porque yo estaba desesperado. Cuando el auto arrancó, vi a Pablo en la ventanilla, saludándome y con algunas lágrimas en los ojos. No aguanté más, junté fuerzas de donde pude, y me solté. Corrí, corrí y corrí detrás del auto hasta que las fuerzas no me dieron más. Creo que Pablo nunca me vio. Quedé observándolo mientras se alejaba y tuve un sentimiento de abandono muy grande. En ese momento es cuando confirmé cuánto lo quería. Estaba dispuesto a seguirlo adonde sea.
Despacito, emprendí la vuelta y, a lo lejos, sentí la voz desesperada de Fina y de Raúl. Me di cuenta de lo que había hecho y corrí muy rápido nuevamente, pero hacia ellos. Pobre Fina, estaba llorando. Ahora me ajustaron un poco más el collar, para que no se me suelte.
Estuve todo el día con ellos, pero un poco triste. Lo extraño. Qué lindo sentimiento de amor es extrañar y saber que el otro va a volver.
*Apesadumbrado.
*Maleta.

martes, 22 de diciembre de 2009

Compañero mayor


Hola, diario. Pablo hizo que aparezcan en mi vida dos personas fundamentales para mí. Son sus padres. Los adoro y cada vez que los veo me enloquezco. Una vez hasta me piyé* de la emoción. Es que hay días en los que Pablo tarda mucho en volver del trabajo, por eso Raúl viene a casa varias veces a la semana. Él llega a casa, con la tranquilidad de siempre, me hace unos mimos y salimos a caminar. Me habla y me cuenta cosas que no entiendo bien, pero se queda varias horas conmigo. Parece que lo pasa bien porque hay días en los que no se quiere ir. Empieza a caer el día, me da una última vueltita y recién entonces se va. Y creo que no sabe que lo hace sólo unos minutos antes de que Pablo regrese.
Por otra parte, tuve que acostumbrarme a su ritmo. No es como nosotros, que vamos de un lado a otro apurados. Pablo siempre tiene cosas que hacer. Raúl se mueve mucho más lento, más calmo y aparenta no tener ningún problema, sólo un pequeño dolor en un brazo (me di cuenta). Tampoco puedo contar con él para tirarme al piso a luchar, pero igual nos divertimos mucho. Yo le hago siempre el gesto de "agarrame", con las patas delanteras y el pecho apoyados a ras del suelo, el cuarto trasero levantado y el rabo moviéndose acompasadamente. Luego empiezo a dar vueltas como loco como para que me atrape. El pobre santo no puede... ¡Y encima me lo explica! Un amor. Pero se muere de risa cuando hago eso.
Luego, mientras lee el diario, me acaricia suavemente con sus manos huesudas, pero repletas de un amor acumulado con los años. Siento que, con cada una de esas caricias y esas palabras sencillas que me dice y que trato de comprender, Raúl me regala un poco de vida. Su mirada y su sonrisa son tesoros que siempre voy a guardar en mi memoria (que es mucha).

* Hacer pis.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Pelos


Hola, diario. Estoy preocupado. Dejo pelos por toda la casa. Allí por donde ande, mis pelos se bajan de mí y se depositan en cualquier sitio. Y no vuelven a mí.
Noto que Pablo se siente molesto por eso y está todo el día estornudando. Hasta ayer barría dos o tres veces por día y, en cada limpieza, sacaba casi otro perro entero de la cantidad de pelos que juntaba. Ayer fuimos al supermercado y volvimos con una caja enorme. Cuando la abrió sacó un monstruo horroroso que hace un ruido infernal y, si te descuidás, te chupa hasta las entrañas. Tiene nombre. Se llama aspiradora. La odio porque me da un poco de miedo. Ahora no barre, sino que utiliza a la aspiradora para juntar todos los pelos y la tierra que se junta en la casa. Yo ni siquiera le ladro, me voy hasta el lado opuesto de la casa y observo. Quiero estar atento porque si ese bicho se chupa a Pablo, tendré que juntar coraje y rescatarlo. También pasa la aspiradora sobre la colcha de la cama, donde me acuesto yo y en los pantalones negros que usa.
Yo no sé qué hacer porque siempre que me abraza o juega conmigo le queda la ropa llena de mis pelos. Cada vez se me caen más. ¿Estaré sufriendo de alopecia? ¿Tendrán que hacerme implantes? ¿Y si me compran una loción? Hoy tempranito, Pablo me volvió a bañar y salieron muchísimos pelos. Y después de dejarme revolcar por hojas de diario, me cepilló. ¡Cómo me encanta que me cepillen el lomo! Escuché que Pablo me dijo que es la época. Parece que en primavera se te caen todos los pelos.
Tengo miedo de quedarme como un pollo muerto, listo para el horno. Espero que eso no ocurra. De todos modos, pelado o peludo, estoy seguro de que me van a seguir queriendo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Mis hits


Hola, diario. Pablo ya está mejor. Un alivio. Pensé que tenía moquillo. Eso es fatal. No quiero que se muera. Debe estar vacunado como yo.
Desayunamos juntos; fuimos a la computadora, como siempre; y después, puso música. Me hizo esa tontera del bailecito, que tanta vergüenza me da, pero nos reímos un rato. Y después me empezó a cantar unas cositas. Porque me inventa canciones. Ya tengo como tres hits. Cuando me canta una que dice algo así como “Miiiiiii Francisco, miiiiiii perrito…”, automáticamente me pongo panza arriba. ¡Me da como una vergüenzaaaaa! Me debo poner colorado, pero como soy peludo no se me nota. Y si me canta “Tengo un perro, muy hermo-so, muy pelu-do…”. Ahí empiezo a correr para todos lados, como enloquecido. Y hay otra: "Franci-Franciscoooo... no nos lastimes, sos como un pancho... Frank-Furteeeeer"... A él le encanta, aunque se vea ridículo, y para mí es como un regalo de la vida.