Una vez más me sacudió ese presentimiento a la distancia. Lo supe. Podía palpar su energía en el espacio... Sentía su presencia en cada bocanada de aire, en cada segundo... Podía percibir su olor... No estoy seguro si por memoria emotiva o porque estaba ya realmente cerca. Podía escuchar su corazón.
Sí, ya sé, soy un capo.
No habían pasado más de diez horas de haber comenzado a tener esa sensación cuando escucho su silbido característico, a lo lejos. Luego, sus pasos, suficientes como para que me tire panza arriba cerca de la puerta. Y, finalmente, las llaves... y él, cuerpo presente. Volvió Pablo.
No sé cómo explicártelo, diario. Es una fiesta. Cada regreso de él ser me hará inolvidable. Y creo que para él también. Yo le hago toda una escena de cariño extremo, como esas películas melancólicas con perritos que ve a veces por la televisión. Lo cago a besos. No paro de darle besos, pero entre lamida y lamida, no puedo dejar de prestarle atención a su valija. Allí sé muy bien que guarda mi regalo. No puedo contener la ansiedad y quiero abrir ese puto cierre dificilísimo de romper. Cuando lo abre, meto el hocico adentro hasta que encuentro mi regalo. ¿Sabés qué me trajo esta vez? ¡¡¡A Pingüino!!! Parece un osito, pero no lo es. Es Pingüino. Tiene pico y es precioso. Estoy tan feliz de que haya vuelto. Lástima que por un tiempo me voy a sacar ese placer dulce y melancólico de extrañar. Todo no se puede.
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martes, 21 de diciembre de 2010
Regresos festivos
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miércoles, 20 de enero de 2010
Los regresos son hermosos

Hola, diario. Estoy contentísimo y no puedo evitar dejar de dar saltos de alegría. Quiero llegar alto hasta poder volar como esas palomas pelotudas. ¡Ayer llegó Pablo! Iupiiiiiiiiii... Por un momento pensé que no volvería más.
Hoy vinieron Fina y Raúl más temprano que nunca, me dieron de comer, dimos un paseo rápido y volvimos a tratar de disimular el colchón roto con las sábanas. Algo extraño estaba ocurriendo. Supe que algo pasaría. De pronto, estaba echado a los pies de Raúl, mientras veía televisión y olfateé algo. Enseguida me di cuenta de que la felicidad ya estaba en la esquina. "Si no me equivoco, Pablo está cerca", pensé. Corrí sin dudar hacia la puerta y me quedé ahí parado, atento, con la mirada clavada en esa madera pintada. Calculé más o menos los pasos que él daría entre la esquina y la puerta del edificio. Su aroma estaba más cerca. Ahora estaba seguro. Comencé a chillar. No lo pude evitar. Y con mis patitas hice gestos como de zapatear. "Ay... cuándo viene... cuándo viene...", pensaba impacientemente (la paciencia es una virtud que tardo en adquirir). Escuché el ascensor y la atmósfera "amigo del alma" se acercaba cada vez más. Llegó el momento y no pude contener el llanto y un par de ladridos. Él estaba en la puerta intentando entrar. Cuando la abrió me abalancé sobre él y lo hice perder el equilibrio y fue a parar de culo en el piso, pero muerto de risa. No dejé que se incorpore y creo que le di como mil lengüetazos. Le dejé la cara empapada. Le daba un beso, pegaba media vueltita y daba un medio salto con mis patas. No podía parar. Me sentí poseído por un caniche toy porque no podía quedarme quieto.
De pronto, advertí que traía una valija* enorme y una mochila. Me dio curiosidad y quise ver qué había ahí dentro. Abrió la valija, sacó una bolsa y me la dio. Cuando la abrí con los dientes, descubrí un osito rosado con una pelota adentro. ¡Era precioso! Me dijo que no se llamaba Osito, sino Chanchito. Adoro a Chanchito. Corrí por todos lados con él entre los dientes, y dejé que lo arroje lejos para ir a buscarlo. ¡Cómo nos cagamos de risa!
Bueno... hasta que descubrió el colchón roto. Ahí se puso serio. Muy serio. Me retó un poco, pero sin elevar la voz. Yo me hice el boludo y miré para otro lado varias veces, como quien ve pasar a una mosca. Creo que el hecho del regreso hizo que mi berrinche pase más desapercibido. Creo que se resignó a tener que dormir un tiempo con un pedazo de colchón menos.
Me di cuenta de que, en mi vida, los viajes siempre serán sinónimo de espera; pero los regresos volverán a ser deseo, sueño. Me voy a jugar con Chanchito.
* Maleta.
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