UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.

jueves, 13 de enero de 2011

Compañero de juegos


Hola, diario. Quiero contarte algo de este chico Néstor. Tras haber conocido a Zsá Zsá nunca hubiera pensado que me podría divertir tanto con un gato. Yo tengo la sospecha de que Néstor se cree perro. Noto que me observa mucho... y me copia. Pablo hace pelotitas de papel y se las arroja bien lejos. Él pega un salto y corre como una flecha a buscarlas... ¡Y se las trae en la boca! Y hace como yo: se queda paradito, esperando a que se las vuelva a arrojar.
Luego, a pesar de su edad y de su tamaño, le encanta jugar a lo bruto, como hacemos los perros. De pronto, yo estoy plácidamente acostado en el piso y esa pulga peluda se me acerca y me pone mirada de asesino serial. Ahí nomás, empieza a dar saltitos alrededor mío, como si tuviera resortes en las patas, con el lomo arqueado y los pelos erizados. Se hace el cocorito. Yo no le saco mi mirada de encima porque, al menor descuido, me pega un salto encima y dispara como una flecha para que salga corriendo detrás de él. Yo sé muy bien que se caga de risa cuando hace eso. Puedo oír sus carcajadas mudas dentro suyo. Corremos alrededor de toda la casa y no nos importa si atropellamos a Pablo y lo dejamos sentado de culo en el piso. Terminamos utilizando la cama como si fuera un ring. Ahí Néstor se me tira encima y, aunque no lo creas, me boxea. Con esas patitas diminutas, sin sacar las uñas, me boxea. Es como si te golpearan con un algodón, pero yo le hago creer que es un tigre feroz y me defiendo. Lo agarro con los dientes, sin apretar y lo revoleo un poco. ¡¡Le encanta!! Todo empapado por mi saliva, vuelve a arremeter y ahí me subo encima suyo y, con los dientes, le mordisqueo suavemente la nuca y el lomo. Le fascina. Creo que le hace cosquillas.
Al principio, Pablo se asustaba mucho cuando hacíamos eso. Me decía: ¡Francisco, lo vas a aplastar! Qué va... ¡Es de goma este pibe! Al final de nuestras luchas, me encanta tirarme panza arriba en la cama y rodar... pero rodar arriba de él. ¡Pablo se desesperaba! ¡A Néstor le encanta! Cuando terminamos estos juegos, quedamos extenuados, tirados en el piso. A veces, él se acerca despacito, cierra los ojos y comienza a darme besitos en la frente. Creo que me quiere.
Espero que ahora no tenga intenciones de salir a pasear con correa.

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