
domingo, 27 de junio de 2010
Perro sociable

martes, 22 de junio de 2010
Protección

Hola, diario. Anoche tuve que defender a Pablo. Resulta que
el muy atorrante se fue de joda* y regresó bastante tarde. Tenía aromas varios,
pero omitamos esa parte de la historia. Lo miré con fastidio, pero viste que me
desarmo fácil y, de inmediato, lo besuquié todo. Salimos a caminar y no había nadie
en la calle, sólo nosotros. No fuimos a la plaza, dimos la vuelta manzana. Casi
siempre camino adelante de Pablo y me doy vuelta cada 30 segundos para
cerciorarme de que esté allí. Tuve una mala sensación, un presentimiento
extraño y, como los perros actuamos por instinto, me quedé en la retaguardia en
lugar de ir adelante suyo. De pronto, veo que, desde la otra cuadra, un tipo
cruza caminando despacio. Tenía la estatura de Pablo, usaba gorrita, una
campera* de jean y las manos en los bolsillos. Observaba fijamente a Pablo. Él
no se dio cuenta de lo que ocurría y seguía caminando. Pero yo me quedé parado,
muy quieto, observando también fijamente al tipo. No le tenía confianza y
estaba resuelto a no dejarlo pasar. Seguí mirándolo fijamente, con mis dientes
apretados y mi cola sacudiéndose rápidamente. De pronto, supe que Pablo se dio
cuenta de que yo no seguía caminando con él y giró. Eso lo supe, pero no lo vi,
porque no quise dejar de mirar fijamente a ese tipo. Estaba seguro de que no
tenía buenas intenciones. Pablo me llamó, pero yo me quedé en la misma
posición. Luego no me llamó más, creo que se quedó tieso. El tipo se detuvo, se
quedó mirándome unos segundos, esbozó una media sonrisa tan falsa como su vida,
dio mediavuelta y volvió hacia el lugar de donde venía. Una vez que se alejó y
cruzó la calle, yo dejé mi postura y seguí caminando tranquilo, esta vez,
adelante de Pablo. Creo que él no lo podía creer. Me acarició la cabeza, pero
cuando llegamos a casa me abrazó y me dio las gracias.
No sé qué hubiera pasado. Tal vez el tipo nos hubiera hecho
daño a ambos. Pero si de algo estoy seguro es que, así como Pablo me protege a
mí, yo nunca permitiría que alguien le haga daño a él.
miércoles, 16 de junio de 2010
Vecinos


sábado, 12 de junio de 2010
¡Vamos, Argentina!
Hola, diario. Ayer descubrí adónde se va Pablo a veces los domingos. A un lugar que se llama cancha, adonde un montón de tipos se divierten corriendo una pelota. Yo no sé porqué se toma todo ese trabajo de ir hasta la cancha si yo también sé jugar con la pelota y corro muchísimo detrás de ella. Es facilísimo. ¿Vos te preguntarás cómo sé todo esto? Lo vi por la televisión. Vinieron a casa Madelaine y Gabriel, dos amigos de Pablo, y vieron el partido con nosotros. Fue divertidísimo porque nos pusimos gorros, banderas e hicimos sonar cornetas. Nuestro equipo es Argentina. Estuvimos gritando: ¡Argentina, Argentina, Argentina!... Bueno, a mi me sale, pero con ladridos. Lo pasé tan bien que me di cuenta de que está bueno compartir una pasión con mi mejor amigo. De todos modos, es tal el fanatismo que les agarra que tenía mucho miedo de que pierdan y empiecen a morderse de bronca. Por suerte, Argentina ganó.
El juego con la pelota no me interesa tanto. Lo que realmente me divierte, creo, es eso de andar saltando, gritando y festejando. Que siga la fiesta.
miércoles, 9 de junio de 2010
Ups...

martes, 8 de junio de 2010
Final feliz

Hola, diario. Ayer se fue Mariana. La verdad es que estoy bastante triste. Me había encariñado un poco con ella. Ya estaba cómoda y se le estaba yendo el miedo. De todos modos, Pablo no se enteraba, pero cuando él se iba a trabajar, ella se quedaba llorando un buen rato. Yo le daba un par de besitos y, cuando se daba cuenta de que no estaba sola en la calle otra vez, se calmaba.
Aunque nunca me gustó que se siente en mi sillón o se suba a la cama, jugábamos mucho en el patio y debo reconocer que era un poco torpe. Me pegó unos mordiscos que todavía recuerdo. Pero bueno, es cachorra. Los chicos son así.
Ayer llegó una pareja que no había visto antes pero que, aparentemente, conocían a Pablo. Me acariciaron apenas y fueron directo a ver a Mariana. Enseguida supe que se la llevarían. Él tenía la sonrisa pegada en su rostro, ya estaba resuelto a llevársela. Pero ahí mismo lo consultó con ella, quien se puso a mimarla apenas entró . Estuvieron hablando un rato, tomaron un café con nosotros y, luego de un ratito, salimos los cinco a la calle. A Mariana la llevaban ellos, en los brazos. Dimos la vuelta, se metieron en un auto y nos quedamos mirando a Mariana, detrás de la ventanilla. Se puso a llorar con esos chillidos que ya le conocía. Pero el auto arrancó y se fue.
Nos quedamos tristes, quietos, observando el espacio por el que se había ido el auto que se llevó a Mariana. Me di cuenta de que a Pablo se le escapó agua de los ojos y, seguramente, si yo hubiera podido también. Nos volvimos a casa despacito, nos hicimos unos mates y nos quedamos así, solitos, sin hablar demasiado. Seguramente pensando en Mariana. Con tristeza porque ya era una ausencia y con alegría porque el final de sus penurias ya era un hecho. Tenía un hogar donde la amarían para siempre. Como yo.
miércoles, 2 de junio de 2010
Mariana

Hola, diario. Finalmente me encariñé con Mariana. Hace dos
días que está en casa y es una dulce. De todos modos, podría decirte que me
molesta un poco que quiera ser el centro de atención permanentemente. ¡Y el
centro de atención soy yo!
Cuando estoy con Pablo, así conversando con nuestros ojos,
como solemos hacer, se viene a meter entre nosotros. Pero lo que es más
atrevido es que, como es más chica, se sube a la falda de Pablo, se hace un
rollito y se queda allí con mirada de: “a mí me abandonaron”.
De todas formas, por momentos lo pasamos muy lindo jugando
a las luchas en el patio.
Sabés, diario... La convivencia es difícil. Nosotros
siempre queremos convivir con un humano... pero con otro perro... hummm...
Supongo que para Pablo la convivencia tampoco será fácil porque a todo el que
entra le hace un par de mimos y, luego, adiós. ¿Seremos unos solterones
ermitaños? La cosa es que, con Mariana, me di cuenta de que soy capaz de
convivir con una perra. Con un perro no. Son competitivos.
Mariana tiene el peso de haber vivido cosas horribles en la
calle, pero todo el amor acumulado para dar. Creo que por eso nos “compró” a
Pablo y a mí. Tiene tanta inocencia que, en dos días, transformó su dolor en
agradecimiento. Hasta accedí a compartir mi plato de comida con ella.
Creo que se quedará con nosotros. Si no me quita la cama
-cosa que hasta ahora no hizo-, la acepto.