UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Extrañar


Hola, diario. Ayer estuve desconcertado buena parte del día. Pablo se despertó, desayunamos con nuestro ritual de siempre, sin hablarnos. Cuando abrimos los ojos al día, jugamos un poquito y salimos a pasear, como siempre. Pero Pablo volvió y se vistió distinto. Cuando quise pararme en dos patas y tomarlo del brazo, como siempre a él le gusta, no quiso. “No me ensucies”, dijo. Qué se yo… Cada loco con su mambo, pensé. Pero antes de irse, me dio un regalo: un hueso hecho de cuero seco. Al principio pensé que era para jugar y lo revolee, le salté encima, corrí alrededor, pero empecé a olfatearlo bien y me di cuenta de que se podía comer. ¡Qué bueno que estaba! Estuve como dos horas y pico mordiéndolo y devorándolo. Terminé y fui a buscar el tacho de basura. El muy pillo lo puso sobre una mesa para que no pueda hurgar nada. Me aburrí y me acosté en mi sillón favorito.
Pasaron las horas, unas cuantas horas y no regresaba. Perdí la noción del tiempo, pero ya tenía ganas de hacer mis necesidades fisiológicas, cuando escuché que alguien abría la puerta. Era una mujer mayor. Tenía algunos rasgos parecidos a Pablo. Digamos… no era Pablo con peluca, pero… ¡Era la madre! Claro, cómo no darme cuenta. Me acarició mucho y no paraba de hablarme. Me hizo sentir menos perro y más humano porque hasta me preguntaba cosas. ¡Qué desesperación! No podía responderle. Entonces, sin quererlo, caí en una especie de juego de “dígalo con mímica”, para que adivine qué pensaba. Pero me di cuenta de que era inútil, porque con sus preguntas, ella misma se hacía las respuestas. Me dio una ternuraaaaaa… La adoré. La adopté para mí, como mi abuela. Dije: “Vos vas a ser mi abuela”. Además, te cuento algo importantísimo: se hizo unas hamburguesas… ¡Y me dio una entera para mí solo! Eso es auténtica generosidad.
Pero después de haberme sacado a pasear y mimarme un poco más, se fue. Y volví a quedarme solo. Y pasé la noche solo. No entendía nada. Pensé que me habían abandonado otra vez y sentí que el mundo se me derrumbaba. Qué iba a hacer solo, ahí cuando se me terminara la comida. Si ni siquiera sé abrir el picaporte de la puerta como para salir. Y mucho menos usar esas cositas ruidosas que les llaman llaves. Pero lo peor fue pensar en no tener nunca más a Pablo durmiendo calentito a mi lado en su cama mullida. Pensé en qué sería mi vida sin ese ritual de las mañanas, tan cariñoso, como silencioso, amable y cálido. Pensé en qué pasaría si nadie me dice más “no, no, no, no, no, no”. Hasta eso extrañaría… ¡Esa era la palabra! ¡Eso era lo que me pasaba! Estaba aprendiendo a extrañar. Ya mi vida no es la misma desde que estoy acá. Ahora, siempre que sepa que Pablo está en algún lado, estaré pensando en el momento en que regrese. Todas esas horas en las que extrañé, sufrí, pero también sentí que tengo una capacidad de amar enorme. Y aunque esa señora hermosa, amable y que te pregunta cosas, vuelva y se quede a mi lado para siempre, todo el tiempo estaré esperando a que Pablo regrese.
¿Y podés creer que volvió a la mañana del día siguiente? ¡Cómo me hubiera gustado poder retarlo y ametrallarlo con sus “no, no, no, no, no, no, no”! Pero no pude… Cuando entró me eché panza arriba, con el rabo entre las patas y, luego que me acarició la panza, me incorporé, le puse mis dos patas delanteras en sus hombros y nos abrazamos. ¡Como lo besuquié! Obvio, los humanos tienen tanto ego, que le encantó.

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