
¡Feliz Navidad, diario! ¡Ese era el motivo de tanto alboroto y tanto regalo comprado! Me encantó el festejo. A la noche, Pablo me colocó en el collar unas pelotitas doradas con un moñito. Al principio pensé que se trataba de un chiste de mal gusto relacionado con mi historia... pero me di cuenta de que no era por eso. Aunque a mí me gusta andar en bolas, no me importó que me haya "vestido" así, medio ridículo. Luego cargó todas sus bolsas y cajas, me puso la correa y salimos a caminar rumbo a lo de María Elena, su hermana. En el camino nos topamos con mucho idiota que se entretiene tirando cuetes* y petardos. No le encuentro la diversión a eso. ¿Qué tiene de divertido hacer ese ruido horrible, arriesgarse a quemarse las manos o la cara y, encima, asustar a los demás? La verdad, es que a mí no me asustan los ruidos de los cuetes. A muchos perros y gatos los enloquece. Creo que me haré un militante anti-cuetes.
Llegamos a lo de María Elena y Pablo sacó un gorro enorme de su bolso y me lo puso en la cabeza. Te juro que no quise mirarme en el espejo por miedo a ver un monstruo. Si los muchachos de MAPA me hubieran visto todavía estarían panza arriba riéndose.
De todos modos, algo de atractivo debo haber tenido porque apenas entré a la casa, todos empezaron a exclamar: "Ah....". Lo pasé genial. Estaba toda la familia. Fina y Raúl, María Elena, su esposo Luis, y sus tres hijos: Juan Salvador, Verónica y Gabriel. Me adoran. También estaba Panchita, una gata medio desagradable que vive con ellos y que no me quiere nada. Y eso que fuimos al mismo modisto porque tenemos el mismo pelaje.
Comí de todo, cantamos, bailamos, intercambiamos regalos y descubrí que la vida social es fantástica cuando hay amor sincero. Además tuve una sensación maravillosa, al comprobar que yo ya soy parte de esa familia. ¡Feliz Navidad!.. sin cuetes, claro.
* Pirotecnia, cohetes.
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