UNA VIDA SIN UN PERRO, ES UN ERROR

"LA GRANDEZA DE UNA NACIÓN Y SU PROGRESO MORAL PUEDE SER JUZGADO POR LA FORMA EN QUE SUS ANIMALES SON TRATADOS."
Mahatma Gandhi

NO USES PIROTECNIA

NO USES PIROTECNIA
Por favor, no usen pirotecnia. Los "cuetes" nos asustan, nos hacen mucho mal a nuestros oídos, nos desorientan y son la causa de que muchos perros y gatos se pierdan entre diciembre y febrero. Lo mismo les ocurre a otros animales, como las aves. Pensá en nosotros y en los múltiples problemas que pueden causar los fuegos artificiales. NO USES PIROTECNIA. Gracias. PD: Ah... Ponele chapita con número de teléfono a tu perro. Para esta época hay muchos perros perdidos a causa de la pirotecnia, por favor, si ves alguno no sigas de largo, ayudalo a encontrar a su familia.

martes, 8 de diciembre de 2009

Qué difícil enojarme con él


Hola, diario. Llegué a la conclusión de que no sirvo para estar enojado. Soy un tipo alegre, un tipo macanudo, un ser agradable… Ayer Pablo se fue muy temprano. Yo pensé que vendrían Tina o Saúl a hacerme compañía un rato, pero no fue así. Algo pasó porque tardó muchísimo. Y mientras estaba solo en casa, aburrido y con bastantes ganas de hacer pis, me puse a pensar y a elucubrar numerosas teorías. En mi delirio solitario me lo imaginé por ahí, suelto por la vida y el mundo, haciendo pis en cada árbol del planeta, feliz, respirando aire fresco. También pensé lo peor: Tina y Saúl también se olvidaron de mí. Toda la familia se entretuvo haciendo pis por los árboles del mundo y yo aquí solo, haciéndome un nudo en la vejiga para que no me explote. Y empecé a planear la forma en la que recibiría a Pablo cuando abra la puerta de casa. Porque en algún momento iba a volver... Está aquí su computadora y, sin ella, no es nada. Pensé en no hablarle por un largo rato. Aunque él me mire, yo me haré el distraído y miraré de reojo para otro lado. Aunque me clave la mirada, no me daré por advertido y focalizaré la nada, para que la transmisión mental sea nula. Lo decidí así: le voy a hacer el vacío por un largo rato. Para que aprenda.
Llegó tarde. Ya hacía unas cuantas horas que el sol se había escondido. Abrió la puerta y yo fijé la vista en la ventana, duro, tieso, frío. Pero, de pronto, pasó lo peor. Me dijo, con voz más aflautada y culposa: “¡Hola, Francisquín!”… y extendió los brazos, con su mirada fija, invasora, sobre mí. Y no pude… Sentí que mi cuerpo se volvía líquido y se deshacía en el parquet. Se me cayeron las orejas, se me aflojaron las patas, la cola se me metió hasta la panza y comenzaron a salir de mi garganta chillidos… lloriqueos de emoción. Y en dos segundos, salté sobre él, lo abracé con mis patas delanteras sobre sus hombros y le di incontables besos. A eso sumale que metió la mano en su bolsillo y sacó un huesito de cuero seco que se lo arranqué de un mordisco. Y, enseguida, salimos a pasear y a mear todos los árboles.
Este tipo me puede. No me puedo ofender con él, che. Siempre el extrañarlo estará por encima del resentimiento. No me puedo enojar fácilmente.

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